Foto: Tomada de Internet

«Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto», así comienza La Metamorfosis, relato del célebre escritor checo Franz Kafka.
De similar manera empieza un día más para este joven en la sala de rehabilitación.

Él tiene 19 años, pero perdió uno.
Tiene una madre, perdió un padre.
Tiene amigos, perdió a su novia.
Tiene libros, perdió la carrera de sus sueños.
Tiene drogodependencia.

De niño, soñaba con ser el Superman que salvaría a su vecina –la más linda del barrio.
Fue el Power Ranger rojo, el capitán de la liga justiciera que se formaba en su barrio.
Soportó el escalofrío de las consultas estomatológicas por culpa de los caramelos, pero la lección del cepillado se la aprendió fácil, como la canción del barquito de papel.

Tenaz papá que lo perseguía por los rincones de la casa para darle un abrazo.
Triunfadora la madre, que conseguía el abrazo deseado, sin siquiera correr.
Risas, caídas, nalgadas, tareas, recuerda ahora en una camilla.

Después tenía diez pulóveres negros, de ellos tres de color entero; los restantes con caricaturas, logos rockeros o frases: The Simpson, Bob Esponja, Rolling Stones, The Beatles y Just do it.
Pantalones zurcidos en la parte baja de la portañuela, porque de estrechos se pasaban.
Zapatos Converse, solo esa marca, si no prefería faltar a la fiesta y los recorridos en patinetas; menos mal que papá tenía para satisfacer sus caprichos.

Se sentía bien con los socios en la esquina reservada del parque.
Consumía marihuana.
Era la forma de pasarla «genial» y lograr un tremendo party.
Cantaba y escuchaba música electrónica hasta las tres de la mañana.
Era un ser desenfrenado.
Escapaba del mundo, de los problemas…, no existía.

Un día llegó a casa y golpeó a su mamá en un ataque de ira.
Ella paró en el hospital.
A él las lágrimas le parecían insuficientes.
Papá se fue.
Él tocó fondo.

Solo pudo refugiarse en una profesora guía.
Ella lo acompañó a las consultas con el médico.
En el aula, le extendieron las manos sus compañeros.

Hace varios meses comenzó el tratamiento médico.
En su primera sesión sudaba y temblaba.
No podía dormir sereno.
Estos encuentros le han dado fuerzas.
Las recomendaciones de los doctores las cumple con disciplina.
Sus amigos –los verdaderos– lo visitan y eso lo reconforta.

Volver a los estudios es su próximo paso.
Convertirse en ingeniero.
Recuperar la confianza de sus seres queridos.
Dar las gracias a las pocas personas que lo auxiliaron.
Ayudar a su familia.

Al liberarse de las drogas no se sentirá más como el insecto de Kafka.
Volverá a ser.
La horrible transformación estará en el olvido.