Novak Djokovic tenía una cita con la historia.
Unas horas antes de que hiciera acto de presencia en la pista central del All England Club para enfrentarse a Roger Federer, el serbio peloteó tranquilamente durante una hora antes de retirarse con rostro serio a vestuarios.
No eran gestos de preocupación, ni mucho menos, sino de concentración.
Nole tenía mucho que perder en esta final.
Su rival, con 37 años, ya solo disfruta de cada regalo que le ofrece la oportunidad de ampliar su leyenda.
Djokovic, en cambio, maneja una presión enorme.
Llegó a la altura de los dos grandes (Rafa y Roger) cuatro años después de que sus batallas por todo el planeta adquirieran notoriedad y, por edad y salud, puede pasarles para convertirse en el mejor tenista de la historia.
Ya es el más completo de siempre, con un título de Wimbledon más tras ganar a Federer en una de las mejores finales que se recuerdan.
Lo otro está aún por ver.

Djokovic solo pensaba en sí mismo al saltar a la hierba de Wimbledon.
La mente tiene un poder increíble sobre las emociones.
La calma de Novak le tranquilizó en un partido que no era uno más en sus 48 duelos.
Djokovic tiene remedio para todos y en la superficie que sea.
Ya no se esconde.
'Me encantaría ganar el máximo número de Grand Slams posibles', dijo en la previa.
Novak ha trabajado mucho durante los últimos años en serenar sus propios pensamientos, sobre todo tras la cirugía en el codo que le privó de grandes conquistas durante un año.
Por primera vez, el balcánico dudó de sí mismo, anclado en el número 21 del ranking, pero volvió más fuerte y, desde entonces, lleva cuatro 'majors' de cinco y se ha aferrado al número uno con solvencia.
El Djokovic presente es una cabeza en constante equilibrio, en armonía con su corazón tras haber recuperado a su 'staff' de toda la vida y que es capaz de acometer hazañas con diversión y relativa facilidad.

Su tiranía le ha permitido estrechar el cerco con Rafa y Roger, que ya sienten su aliento en el cogote.
A 'Nole' no le hacía especial gracia la hierba al principio de su carrera.
No disfrutaba lo suficiente con el bote irregular y las nulas capacidades deslizantes de la superficie.
No podía imponer su juego ni su ritmo.
Sus restos no encontraban la profundidad que deseaba.
En 2011, una vez adaptó su tenis, se despojó del estigma para sumar su tercer Grand Slam.
Mordió el verde como si de pasto se tratara en una imagen icónica y, con el de esta tarde, ya suma los mismos cetros que Björn Borg (5).
El golpe de efecto es tremendo porque desbanca a Federer de su particular jardín.
Djokovic ya ostenta 16 grandes.
Roger, con 20, y Nadal, con 18 ya tienen bien colocado el retrovisor.
En el US Open, la siguiente cita relevante, no hay mayor favorito que Novak, que domina la pista dura como nadie en los últimos años.

La confianza en sí mismo

A este nivel, el serbio lo tiene en su mano.
No es una afirmación arriesgada.
A sus dotes con la raqueta le suma ahora una mente privilegiada y un apetito voraz.
Rafa es, quizás, el único que le puede plantar cara porque el balear sí tiene un plan de reciclaje puesto en marcha desde hace un tiempo, no así Federer que desde el 2017 sufre al mejor de cinco sets y no le han terminado de funcionar los cambios efectuados (dejadas, un saque más agresivo, golpes más planos...).
De hecho, el suizo no gana al serbio en una final de Gran Slam desde el 2012.
Djokovic le tiene comida la moral.
En el partido de esta tarde ha ejecutado una defensa muy elástica con intercambios de mucha profundidad.
El de Basilea ha echado el resto, pero siempre encontraba respuestas en su contrincante.

El nuevo capítulo firmado por Djokovic este sábado es una gesta no solo física, pues se encuentra muy ágil de piernas, sino mental.
La presión que antes hacía mella en él, apenas le afecta ahora.
Solo en tierra muestra algún síntoma de carencia.
En un partido de enorme relevancia, donde Federer movía ficha y tenía al público a su favor, sacó a relucir su mejor versión.
Djokovic confía en sí mismo, cree firmemente en sus posibilidades, piensa en soluciones cuando se le presentan problemas de envergadura (Federer tuvo el tiebreak del primer set muy a su favor y arrasó en el segundo) y supera las adversidades sin miedo, con carácter, mientras a otros se les encoge el brazo.